Confesiones de un Niña Mala | Entrevista a Elena Poniatowska

"Vi en Caracas muchos letreros donde todo giraba en torno a Chávez. Creo que nada debe rotar alrededor de un solo hombre"

"Yo estoy muy consciente de que no me queda mucho tiempo de vida. Por eso decidí no dejarles a mis hijos un desorden tan espantoso", dice Elena Poniatowska (Nicola Rocco/archivo)

GUADALAJARA.- Elena Poniatowska vuelve a sorprender con su libro RONDAS DE LA NIÑA MALA(ERA, 2008). El texto, inclasificable e inesperado, contiene poemas, canciones infantiles, lisuras e ingenuas ocurrencias de una autora que las escribió cuando tan sólo era un retoño. Antes de responder cualquier pregunta, al digno estilo de una niña mala, la actual ganadora del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos en su visita a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara hizo una advertencia, entre risas: "Espero que la entrevista sea corta. No me hagas lo mismo que Chávez, quien un día me sacó del hotel en Caracas a las 10 a.m. para luego dejarme a las 12 de la noche".
-¿Cuál niña mala es más traviesa? ¿Usted o la de Vargas Llosa?
-Fíjate que le puse estas rondas, que no me atrevo a llamar poemas, porque son muy groseras, como decimos en México. Las escribí hace años porque así las titulé desde entonces, mucho antes de que apareciera la novela de Vargas Llosa. Revisando la casa me topé con ellas en un papel revolución, que era el que antes usaban los periodistas, de color café y muy quebradizo. No pensaba que podría publicarlas, aunque Octavio Paz me lo pidió en su momento.
-¿Por qué no le hizo caso?
-En esa época era como un boy scout. Decía que a nadie le podía servir este material. Desde pequeña quería ser útil. No buscaba andar publicando cosas por publicar. Creo que era una cuestión de pudor. Cuando uno tiene 20 años se escriben cosas que no se les enseña a nadie. Esas siempre tienen relación sobre lo que uno cree que es la narrativa o la poesía. Solía leer a Neruda, a Paz, a Sabines. Me encantaban y me asaltaban ocurrencias, que podían ser malísimas.
-Pero tuvo un corrector de primer orden: Octavio Paz.
-Sí, Paz era muy bueno. Por lo menos en esa época me quería mucho. Después no tanto&
-¿Y eso por qué?
-Por mi novela TINÍSIMA. Él se preguntaba cómo era posible que yo hiciera un libro sobre Tina Modotti, quien era una estalinista sin complejos. Paz, en cambio, siempre me daba a leer unos libros de unas viejas condesas o princesas. Él quería que me entusiasmaran, pero eso no pasaba. Como yo le decía que me aburrían mucho, entonces Octavio se enfurecía.
-¿Por qué esa labor de recuperación de sus escritos?
-Yo estoy consciente de que no me queda mucho tiempo de vida. Por eso decidí no dejarles a mis hijos un desorden tan espantoso. Ahora mismo, por ejemplo, salió otro de entrevistas que hice en París cuando tenía entre 20 y 21 años de edad. Ese se llamaJARDÍN DE FRANCIA (FCE, 2008).Y estoy empezando una novela. Sólo llevo cuatro capítulos y no aún tiene título. Ni sé para dónde me va a llevar.
-¿Un buen periodista debe ser incómodo?
-Creo que para ser buen periodista no hay que dejar que te impongan los temas, ni autocensurarte. Se deben buscar los asuntos que llegan y son los que están en el ánimo del público. Una reportera mexicana fue muy importante al tomar en cuenta el fenómeno de los curas pederastas. Ese tema antes no se tocaba por el poder de la Iglesia. Los periodistas que denuncian le hacen un gran bien al país.
-¿La edad la ha hecho asumir más riesgos en su vida?
-Tengo 76 años. La edad te hace fijarte dónde pones los pies, cosa que nunca hacía. En esa época bajaba las escaleras de cuatro en cuatro. También te hace más reflexivo. Trabajas con un sentido crítico, que tenía de joven. Y también la edad te da una especie de equilibrio. Por lo menos, eso es lo que espero.
-A un año de haberse ganado el Rómulo Gallegos, ¿cuál es su percepción de Venezuela y su Presidente?
-A mí me parece que Venezuela es muy semejante a México. Son países petroleros y éstos suelen poseer grandes abismos en diferencias sociales. Ves edificios que rasgan el cielo, y al lado una choza en la que viven de vender arepas. Por otro lado, me parece terrible la gente que se quiere eternizar en el poder, porque creo que ya pasó la época de los dictadores. Tengo la sensación de que el triunfo de Barack Obama ayudará mucho y va a ser un cambio no sólo en Norteamérica. Es lo que espero, porque Latinoamérica depende mucho de ese país.
-¿Y qué imagen se llevó de Chávez después de su estadía de más de medio día con él?
-Vi en Caracas muchos letreros en los muros y anuncios en donde todo giraba en torno a Chávez. Creo que nada debe rotar alrededor de un solo hombre. La atención tendría que enfocarse en las propuestas sociales y políticas de un país, no en un salvador o en un mesías. Por otro lado, asistir al programa de televisión y entorno cercano a Chávez fue una experiencia interesante y valiosa, que nunca había tenido. Él fue atento conmigo y con mi hijo Felipe.
-Una pregunta para una niña mala: ¿fue usted quien le puso el filete en el ojo a García Márquez tras el puñetazo que le dio Vargas Llosa?
-Sí, al lado había una tienda que ya no existe, llamada Hamburger´s Heaven. Entonces, fui corriendo por un filete antes de que lo hicieran carne molida. Luego se lo pusimos a Gabriel García Márquez en la acera. Todo fue rarísimo. Entró Gabo, se le acercó contento a Vargas Llosa, caminando rápido de un extremo a otro de la sala. Y éste lo recibió con un puñetazo directo a la cara. Haz de cuenta de que llegues y te tiren al suelo...
-¿Y eso por qué pasó?
-Decían que Gabo le había hecho algo a la mujer de Vargas Llosa, Patricia. Luego Mercedes Barcha, la esposa de Gabo, decía: "¿Pero cómo le va a gustar Patricia si es muy fea?".

Daniel Centeno M.
ESPECIAL PARA EL UNIVERSAL

Publicado en eluniversal.com

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