Monumentos, entre el olvido y la indiferencia

Los monumentos de esta ciudad se encuentran, en su mayoría, prácticamente en el olvido. En Poza Rica hay alrededor de 35 monumentos, entre estatuas, bustos, placas y obras arquitectónicas, sin embargo, cerca del 90 por ciento de los ciudadanos no conoce a quiénes, i por quiénes fueron erigidas. Las autoridades tampoco conocen con certeza cuál es el estado de estas obras. Sólo una mujer tiene un monumento en Poza Rica, se trata del busto de María Esperanza Morales Mérida, maestra emérita y fundadora de la primera escuela primaria de Poza Rica. Se han erigido tres bustos al mismo personaje, el expresidente Lázaro Cárdenas del Río tiene un busto en el bulevar que lleva su nombre, a la altura de la colonia Ricardo Flores Magón, uno más en la Plaza Cívica 18 de Marzo y un tercero estuvo por varios años en la colonia que lleva su nombre, en la calle Mecatepec. Hasta la fecha no se ha levantado un busto, estatua o placa a ninguna persona nacida en Poza Rica, es decir, en Poza Rica no hay monumentos de pozarricenses. Los bustos que se mantienen en mejor estado son los que se encuentran en el interior de alguna institución, como son el caso de las efigies a Heriberto Jara Corona y Emiliano Zapata, ubicadas en las escuelas de los mismos nombres; y el recién develado busto de Juan Francisco Nieto Gómez, ubicado dentro de las instalaciones de la Casa de Cultura. Por su parte, el ayuntamiento no cuenta con un censo puntual que explique cuantos monumentos existen levantados en Poza Rica, quién los construyó, quiénes gestionaron su edificación ni cual es la institución encargada de darle mantenimiento. Obras de Arte como «Los Mariachis», de la Plaza Garibaldi, y El Faro de los Fundadores, ubicado en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines a la altura de la colonia La Rueda, se encuentran prácticamente en el abandono y con riesgo de colapsar por el desgaste natural de los materiales con que fueron construidos. Algunos monumentos están en peligro de ser retirados, como ocurrió con la obra coloquialmente conocida como La Teibolera, ya que no son acordes con la imagen del lugar en donde están ubicados o presentan problemas para el desarrollo de dichos sitios, este es el caso del Obelisco de los Fundadores, ubicado a un costado de la Plaza Cívica, y el monumento a los petroleros, ubicado frente a las instalaciones del Secretaría de la Defensa Nacional. De entre las construcciones que se mantienen relativamente limpios y en orden son las erigidas por instituciones civiles y no por las autoridades municipales, tal es el caso de la placa en honor al «Lord Rober Baden Powell», colocada por la Asociación de Scouts de México en la Plaza Cívica; sin embargo, también se nota deteriorada y no se escapa de la acción del vandalismo. Mismo caso con el monumento al Bombero y el Camión de Bomberos ubicados en el bulevar Jesús González Ortega, justo frente a las instalaciones del Cuerpo de Bomberos. En una encuesta realizada entre personas con nivel mínimo de preparatoria, obtuvimos que menos del 90 por ciento de los encuestados saben en memoria a quién fue erigido el monumento a «Los Caídos», mismo que se encuentra en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines, mismo que es uno de las construcciones monumentales que se encuentra en mejor estado en la ciudad. En esa misma proporción se encuentra el desconocimiento sobre la vida y obra del artista local Ovidio Hernández Gómez, quien tiene su busto en la Plaza Garibaldi, y Adolfo Rendón Rendón, quien tiene un busto y una biblioteca lleva su nombre en el parque de la colonia Petromex. Empero, a diferencia de otras construcciones, éstas son constantemente aseadas por los mismos vecinos del lugar, quienes mantienen vivo el recuerdo de estos dos héroes populares. Otro ejemplo de monumentos bien conservados son los bustos erigidos en recuerdo a los líderes petroleros Óscar Torres Pancardo, Heriberto Kehoe Vincent y José Elías Pérez Herrejón, mismos que descansan en una plaza construida frente al edificio de la Sección 30 del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana. En lo que respecta a los monumentos que corresponde su cuidado al Ayuntamiento, se encuentran los de Miguel Hidalgo y Costilla, en el gimnasio municipal del mismo nombre, José María Morelos y Pavón, en el bulevar Adolfo Ruiz Cortines a la altura de la colonia Lázaro Cárdenas, la maquinita «La Burrita», ubicada frente a la avenida Las Palmas, la estatua de Benito Juárez García, ubicada en el parque que lleva su nombre y el Parque de las Américas, entre otros. En estas construcciones lo que se observa es que sólo se les da mantenimiento una vez al año o menos, en el caso de los próceres independentistas, sólo se les restauran sus monumentos cuandos se conmemora su aniversario luctuoso en fechas de fiestas patrias; otro ejemplo es el de «La Burrita», la cual fue restaurada, al grado de ponerle un motor nuevo, en el año 2001, y fue dejada al olvido otra vez hasta que en este año, la administración municipal volvió a echar a andar su motor. En el caso del Mausoleo de los Fundadores, ubicado en el parque del mismo nombre en la calle Chapultepec de la colonia Manuel Ávila Camacho, debieran ser los familiares de las personas que están ahí enterradas quienes den matenimiento a dicha construcción, como ocurre con los panteones municipales, sin embargo, la edificación se encuentra en un estado de erosión por el paso del tiempo y los fenómenos climatológicos, lo cual hace que su pintura y su acabado muestren una notable falta de cuidados. Otros ejemplos son el «Monumento a la Madre», cuya restauración se realiza periódicamente, pero no goza de la atención de los ciudadanos en cuanto al respeto y el cuidado. El «Reloj de la Paz», que aunque fue construido por la iniciativa privada, sólo es usado como referente para ubicar ciertos lugares, apenas en la administración municipal pasada fue restaurado, después de alrededor de 8 años de olvido. Es posible observar que cuando los ciudadanos o alguna institución hace suyo un monumento p construcción conmemorativa o alusiva a algún momento histórico o personaje social son ellos quienes se encargan de mantener la efigie o construcción; pero cuando la edificación fue hecha sin tomar en cuenta esta situación, la realidad es otra, el monumento se convierte en un objeto estorboso y mal visto que en lugar de guardar la memoria del personaje o acontecimiento, sirve para poner de manifiesto el olvido en el que ha quedado.

 

Nota original en Noreste.com.mx

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